Feliz de servir en Afirmación

Compartido por Dave Melson

La única razón por la que no salí del armario cuando era un muchachito y vivía en el Condado de Boone, Illinois, es que en los años sesenta no conocíamos la palabra «gay» y nadie sabía lo que era «salir del armario».

Cuando tenía 28 años y vivía en Orlando, dos muchachos muy atractivos golpearon mi puerta. Los dejé entrar, y ustedes ya saben lo que ocurrió. Decidí orar acerca del mormonismo, recibí una respuesta muy clara y decidí bautizarme.

En los años que siguieron a mi bautismo ocupé casi todas las posiciones de liderazgo que puedan imaginarse: Presidencia de Hombres Jóvenes, presidente de los Setentas, líder de Sumos Sacerdotes, presidente de rama, secretario, secretario ejecutivo, especialista de empleos, y miembro de la Presidencia de Hombres Jóvenes de Estaca. En una rama ramota en la que me tocó estar, fui incluso presidente de la Sociedad de Socorro durante un breve período. Y salí de misión, sirviendo por dos años en Asia. En la misión conocí a Marsha. Nuestro presidente de misión hizo de celestino, y la verdad es que teníamos mucho en común: Los dos éramos mayores que el misionero promedio, los dos proveníamos del sur de los Estados Unidos, los dos éramos conversos, y nos amábamos mucho. Cuando terminamos la misión, volvimos a casa y nos casamos en el Templo de Atlanta. Fue un cuento de hadas mormón. Seis meses más tarde nos habíamos divorciado. Nadie nos preguntó si sentíamos «atracción hacia el mismo sexo.»

Encontré a Afirmación en el Internet y en enero del 2003 asistí a mi primera reunión en el grupo de Washington DC. Estaba empezando una tormenta de nieve, y ese día era yo y solamente tres personas más. Esos tres son ahora amigos muy queridos. En reuniones subsiguientes hice más amigos y encontré un hogar.

Los miembros de Afirmación tienen historias y experiencias sorprendentes. Individualmente hemos forjado una gran variedad de creencias personales, pero las noches de hogar, las experiencias misionales, y los shows de talentos siguen corriendo por nuestras venas y siguen siendo parte de nuestra vida. La Iglesia nos ha enseñado a que no confiemos en la sabiduría de ninguna persona, sino que busquemos la verdad por nosotros mismos y tomemos las decisiones correctas. Siento gran humildad por esta oportunidad de servir en Afirmación. Estoy agradecido por los amigos y el amor que aquí encuentro, y orgulloso de que Afirmación sea mi familia.

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